No quería terminar el día sin escribir unas líneas sobre el tema. En los últimos dos meses mis conversaciones han girado en torno a lo femenino, con nuestro equipo tanto en México como Colombia hemos desarrollado contenidos propios para las mujeres y cómo ejercer su liderazgo, usando su “poder” y reconciliándose con la energía masculina; justo esta semana estrenaremos uno de esos diseños con un grupo de 800 mujeres, en una región de Colombia que nos invitó como conferencistas en la conmemoración de su día.

Las iniciativas, como la propuesta de ayer y hoy en México, tantas voces desde tantos lugares, historias que se han alzado por toda Latinoamérica me conmueven, me inspiran y algunas me confrontan. Soy mujer, mamá, empresaria, hija, hermana, amiga, profesora… si bien he gozado de muchos privilegios, he tenido acceso a educación superior, a postgrado en el exterior, he ocupado cargos de liderazgo y he trabajado en varios países, no puedo desconocer que no ha sido un camino fácil. Sé que tenemos muchos avances como género, sin embargo, aún los temas de equidad, diversidad e inclusión son un reto.

Según The New Yoker, en 2018 menos del 5% de las mujeres ocupaban posiciones de alta dirección en las grandes corporaciones. En contraste, de acuerdo con un reporte de ONU Mujeres sobre hechos y cifras de empoderamiento económico: “las mujeres dedican entre 1 y 3 horas más que los hombres a las labores domésticas; entre 2 y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados (a los hijos e hijas, personas mayores y enfermas), y entre 1 y 4 horas diarias menos a actividades de mercado”; ambas cifras abren el debate de cómo conciliar la vida familiar y organizacional de las mujeres.

Países como Noruega, Suiza y Dinamarca llevan la delantera gracias a sus políticas de inclusión financiera, políticas de no discriminación y bajas cifras de violencia. Lugares nada alentadores para nuestros países, que pasan la barrera del lugar 100 y los más precarios como Yemen, Afganistán o Siria donde el empleo para mujeres no supera el 6%; de acuerdo con el informe del Georgetown Institute: Mujeres, Paz y Seguridad (2019 -2020), que incluye información de 167 países.

Lo anterior sin contar las cifras espeluznantes de feminicidios y violencia de todo tipo hacia las mujeres, en todos los rincones del mundo. A lo largo de mi carrera y vida personal he tenido que escuchar y soportar frases como: “en esta organización no estás para pensar”, “no me retas intelectualmente”, “quien sabe con quien se acostó para estar aquí”, “está histérica porque no tiene pareja o mínimo está en sus días” y así…. Es innegable que, en su momento, estas frases me lastimaron, pero a medida que fui avanzando en mi desarrollo personal, fui entendiendo que estas “ofensas” le corresponde a quien las dice, no son para mí, son producto de una construcción colectiva, de siglos, que nos ha hecho daño, tanto a hombres, como a mujeres.

Por tanto, mi propuesta para unirme a la conmemoración del 8 de marzo, es que comencemos a reconciliarnos con ambas energías: masculina y femenina. Cada una tiene su poder. Hemos naturalizado varios comportamientos que nos alejan de nuestra esencia, ¿por qué ver a otra mujer como tu competencia o tu rival?, ¿para qué “disfrazar” la fuerza masculina en el lenguaje para deslegitimar a otro?… ¿Por qué pedirle a las mujeres ser la misma todo el mes, cuando somos cíclicas y cada ciclo nos trae un “poder”: la emoción, la creación, la energía, entre otros. ¿Por qué consideramos débil al hombre que exprese sus emociones?

El lenguaje es un buen comienzo para cambiar: hoy mi invitación para ti, seas hombre o mujer es a que te observes, cómo te hablas a ti mismo (a), de qué conversaciones participas, cómo son tus juicios alrededor de lo femenino y lo masculino y luego, en la medida que hagas conciencia, contribuye al crecimiento de otros o por lo menos, cuida tus palabras.

Me despido con un abrazo “sororo” a cada mujer que me ha acompañado, me ha inspirado y me ha invitado a ver primero a la mujer que habita en mí para contribuir a tener organizaciones, líderes y personas que vivan el concepto de UNIDAD.

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